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| El Cristo de la Tarima o de las Injurias. |
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En la calle Maestra, la vía comercial estrecha y transitada, se levantaba una humilde casa, habitada por personas de dudosa reputación, pues era moriscos o judíos, ambas clases de conversos que gozaban de la animadversión popular.
Tenían establecida una pequeña tienda de comestibles, de las que gráficamente suelen ser consideradas como “tiendecillas de pan y aceite”, y a cuya entrada había una espaciosa tarima, que necesariamente pisaban todos los clientes.
Hay dos variantes en el relato del pueblo acerca del extraño suceso: el primero, ingenuo y sencillo, fue... que a un vecino se le escapó una gallina y al huir se metió debajo de la tarima del pequeño establecimiento; ante la oportuna reclamación, el encargado de la tienda, muy turbado, se negó a levantarla, lo que entonces realizó, todo indignado, el dueño del ave de corral, encontrándose, por esta parte que daba contra el suelo, una pintura de Cristo en la Cruz. |
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