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| El Santo Rostro de Jaén |
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Página 6 de 6 Desde entonces y hasta su muerte, cada anochecer, saboreaba un cuenco de exquisitas nueces, dándole al ansioso y hambriento diablillo las sobras de su cena, que no eran sino las cáscaras del apetitoso fruto.©Rafael Cámara Expósito.
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