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| El ladrón de San Ildefonso |
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Emocionado e inquieto con las noticias recibidas sobre el citado tesoro, despertó en él una gran codicia de riquezas. Este hecho hizo que planeara viajar hasta Jaén, ciudad en la que nadie le conocía, con la intención de hacerse con las valiosas joyas de la mencionada Virgen. Una vez llegó a Jaén y ávido de terminar con la misión que se había propuesto, encaminó sus pasos hacia el Santuario de San Ildefonso, templo en el que se veneraba a la Virgen de la Capilla.
Accedió al edificio simulando un gran recogimiento espiritual. Participó en la misa que se celebraba en la Iglesia y quedó en actitud orante una vez finalizada la ceremonia. Allí estuvo esperando, reclinado y con gran disimulo, hasta que el templo quedó sin fieles. Cuando vio que se había quedado solo, se dirigió rápidamente hacia la Capilla de la Virgen, guiando sus pasos hacia el Camarín. Accedió a la pequeña habitación sin vacilar, dando un rápido vistazo a la estancia y comprobando que no había nadie. Los datos recabados eran ciertos. Allí se acumulaban más riquezas de las que esperaba. |
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