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| El ladrón de San Ildefonso |
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Cuando llegó a la sierra ya había oscurecido, pero decidió no descansar y continuar caminando durante toda la noche y sin reposo, satisfecho del botín que portaba a sus espaldas. Había conseguido una verdadera fortuna y merecía la pena el esfuerzo que estaba realizando. Imaginó cuántas cosas conseguiría con aquel botín, ufanándose de su vil hazaña y comenzando a sentirse tranquilo, ya que Jaén parecía haber quedado a muchas leguas de distancia. Pronto advirtieron en el Santuario lo sucedido. La noticia del robo a la Virgen de la Capilla se extendió rápidamente. Toda la población quedó entristecida e indignada por tan sacrílego acto. Jamás había ocurrido algo semejante en aquella ciudad de honradas y devotas gentes. Tal impacto causó el desgraciado acontecimiento, que no se hablaba de otra cosa en la capital. Pronto llegó la noticia del robo a las localidades más cercanas, lugares en los que también contaba con numerosos fieles la milagrosa Virgen. |
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