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El ladrón de San Ildefonso
 

 

El juez dictaminó para el acusado la pena más dura. Fue condenado a muerte. Se ejecutó la sentencia en la Plaza de San Ildefonso, públicamente, para que viera el pueblo cómo se pagaba ante la justicia semejante sacrilegio.

En esa plazoleta recibió la muerte de manos del verdugo. Posteriormente le fueron separados los miembros del cuerpo, quedando la cabeza del delincuente colgada en una de las fachadas de San Ildefonso.

Una vez se retiró la cabeza del condenado, se colocó en el mismo lugar otra de piedra tallada.

Todavía hoy, la cabeza de piedra que nos recuerda el despreciable hurto, continúa colocada en una de las portadas del templo. Se encuentra en la fachada norte del Santuario. En la parte superior derecha, en el límite del tejado y sobre uno de los contrafuertes, permanece tallada en piedra, para recuerdo de propios y extraños, la cabeza del miserable ladrón que tuvo la imperdonable osadía de robar el tesoro de la Virgen de Capilla.

©Rafael Cámara Expósito.



 
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