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| Enfrente del toro está el tesoro |
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Con un enfado manifiesto, pues sabía que su situación no era nueva, sino que gran cantidad de personas habían pasado ya por el lugar sin encontrar nada, decidió que aquella inscripción no podía continuar teniendo engañados a tantos jaeneros y forasteros, que iban hasta allí a dejar sus horas de trabajo en una inútil pérdida de tiempo. Agarró fuertemente un pico de grandes proporciones, se acercó a la cabeza de toro, la miró con los ojos encendidos en ira, alzó la pesada herramienta con fuerza y le propinó un tremendo golpe a la testa de piedra, con tanta furia que hizo añicos la frente de esa escultura, que tantos deseos de riquezas había despertado en él. Con la satisfacción del deber cumplido y dispuesto a abandonar el lugar, al dar media vuelta, escuchó de repente y asombrado un intenso tintineo metálico. Al volver la intrigada mirada hacia el destrozado toro, descubrió un gran chorro de monedas de plata. El afortunado buscador encontró las riquezas que tanto había ansiado, en el instante justo en que había decidido dar por fallida su misión. |
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