|
Página 2 de 2 A partir de entonces la leyenda se convierte en verdadera tradición, quizá por tener visos de ser un hecho histórico y verdadero, y las religiosas del Real Monasterio de Santa Clara (que fundó el mismo rey según otra tradición), serían las encargadas de costear una cruz que siempre debía permanecer allí. Los proverbiales vientos de Jaén dieron al traste con muchas cruces de madera y de hierro, que quedaban inservibles cuando caían, obligando a crearlas nuevas. Pasado el tiempo las religiosas abandonaron esta encomienda y el Obispo de la diócesis de Jaén le encomendó el privilegio del mantenimiento de la Cruz del Castillo, que así la llamaban ya todos, a la familia giennense de los Balguerías, los cuales, sobre 1.950, y concretamente Eduardo Balguerías, colocaría la actual Cruz de hormigón armado que, más de medio siglo después, ni el tiempo ni el viento han podido derribar.
<< Inicio < Anterior 1 2 Siguiente > Final >> |