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La Cruz del Pósito
 

 

Soportó abnegada a su esposo, que si en otro tiempo fue galante y educado en extremo, se transformó el caballero en hombre de malos caminos, juntando en sus espectaculares juergas la noche con el día, enviciándose en el juego y en los más infames placeres terrenales.

Conforme pasaba el tiempo más se endeudaba Don Diego de Osorio, perdiendo su dinero en los más fracasados juegos, viéndose inmerso en encrespadas riñas... Una batería de tormentos para su sufrida esposa, la triste Beatriz, que ahogaba sus sentimientos hacia la actitud de su marido, soportando a duras penas tan desdichada y fracasada vida matrimonial.

Y al final, el desenlace a tan desesperante situación llegó. Hasta la última moneda gastó el capitán Osorio. Nadie quedaba en la ciudad que le diera prestado y obligado estaba a pagar las pérdidas acumuladas en sus desafortunados juegos.

Viéndose desesperado y necesitado de dinero en medio de uno de sus juegos, ordenó a un sirviente que fuera hasta su casa, y que Doña Beatriz le entregara de inmediato la alhaja que él le regaló en señal de matrimonio. Rápido fue el escudero a trasladar a Doña Beatriz tan desagradable e inconcebible recado.



 
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