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| La mona de la Catedral. |
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Página 2 de 5 También se han conservado, ajenas a los avatares del tiempo y permaneciendo a la vista de propios y extraños, las misteriosas gárgolas con su expresión atemorizadora, con cuerpos cubiertos de escamas, afiladas garras y terribles fauces. Pero es dónde la cenefa gótica llega a su fin, justo donde comienzan los bajos del sagrario, donde encontramos a la más enigmática y popular figura de cuantas rodean los cuatro costados del enorme templo, hablamos lógicamente de la Mona de la Catedral. Les aconsejo que una mañana cualquiera, de aquellas en que la lluvia no arrecia, a que con un prismático en mano, se acerquen a descubrir que esta famosa Mona no es sino la figura de un hombre sentado, concretamente de un moro. |
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