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| Nuestro Padre Jesús Nazareno |
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Dispuso entonces el labrador que se trasladase el enorme tronco a una cámara pequeña y angosta de la casería, donde con el leño quedó encerrado el anciano viajero. Allí pasó el abuelo toda la noche. Ni un solo ruido perturbó la tranquilidad de los campos cubiertos por la oscuridad. Pasó también toda la mañana siguiente, sin que se escuchara el más mínimo sonido procedente de aquella habitación de la casa. Preocupados los habitantes de la casería, por el tiempo pasado sin acusar ruido alguno, y temerosos de que algo le hubiera ocurrido al extraño viajero, decidieron subir a averiguar la causa del sospechoso silencio. Subieron sigilosos, comprobando de nuevo que realmente no se oía absolutamente nada, pues no querían interrumpir el trabajo del escultor. Se decidieron por fin a abrir la puerta de la pequeña habitación y sobrecogidos por el asombro y el temor, descubrieron que en el lugar donde esperaban encontrar al anciano viajero y el tronco que iba a tallar, sólo se hallaba la escultura más hermosa que jamás habían visto. Era el primer milagro de Nuestro Padre Jesús Nazareno. ©Rafael Cámara Expósito. |
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